Si bien las evidencias más antiguas del vino en el mundo datan de hace unos 7000 o 6000 años, en el caso de Argentina, la historia vinícola se remonta a los tiempos coloniales, cuando las primeras vides llegaron a estas tierras para dar origen a una industria próspera y reconocida a nivel internacional. El vino se convirtió en un arraigo cultural y algo obligado en la mesa de los argentinos.
Influencia Española y Jesuita
El vino llegó a Argentina de la mano de los colonizadores españoles y la iglesia Católica en el siglo XVI. Los primeros viñedos se establecieron en distintas regiones, pero fue en la provincia de Santiago del Estero donde se plantaron vides que llegaron en los barcos. Estos primeros cultivos se realizaron para cumplir con la demanda de la iglesia y fines religiosos. Los jesuitas utilizaban el vino para la celebración de la misa.
A medida que la colonización avanzaba, se fueron fundando nuevas ciudades y pueblos, y con ellos se expandió la producción de vino. Los jesuitas, con su conocimiento enológico, jugaron un papel fundamental en la propagación de los viñedos y la producción de vino en el territorio argentino. Su labor fue reconocida por su contribución al desarrollo vitivinícola de la región.
Expansión y Diversificación del vino en Argentina
En el siglo XIX, con la llegada de inmigrantes europeos, especialmente italianos y franceses, se introdujeron nuevas variedades de uvas y técnicas de vinificación. Estos inmigrantes aportaron su conocimiento y experiencia, impulsando aún más la producción de vino en el país.
Quizás la figura más preponderante de este proceso fue Domingo Faustino Samiento. En sus años en el exilio en Chile, Sarmiento creó la Quinta Normal de Santiago, un espacio realizado a imagen de la Escuela Normal de París, destinada al cultivo de distintos cultivos y vides. Ya en 1853, propuso al gobernador de Mendoza, Pedro Pascual Segura, replicar ese modelo en Argentina y un 17 de abril se presentó el proyecto de la Quinta en Mendoza. En esa fecha hoy se celebra el día del Malbec. Para llevarla adelante, convocó al Ingeniero Agrónomo francés, Michel Aimé Pouget, con quien Samiento había trabajado en Chile, quien introdujo al país las primeras cepas francesas. Entre ellas, Cabernet Sauvignon, Chardonnay, Cabernet Franc y Malbec.
Cabe destacar que hasta ese momento, Malbec todavía formaba parte de los cortes de las grandes casas de Burdeos, como figura en varios de los vinos destacados de la Clasificación de 1855. Fue con la llegada de la filoxera y la necesidad de injertar las vides sobre pie francos de plantas de origen americano que la Malbec quedó relegada.
Las regiones vitivinícolas más reconocidas de Argentina comenzaron a tomar forma en ese período. Mendoza, ubicada en la región de Cuyo, se estableció como el epicentro de la producción vitivinícola, gracias a su clima seco y soleado, y a la presencia de los Andes como barrera natural. Otras regiones importantes incluyen San Juan, La Rioja y Salta, cada una con sus características particulares y variedades de uva.
Éxito Internacional y Reconocimiento
La historia del vino en Argentina ha tenido un efervecer en las últimas décadas. La vinicultura argentina ha ganado reconocimiento mundial por la calidad y diversidad de sus vinos. La combinación de variedades autóctonas y cepas internacionales, junto con la dedicación de los viticultores y enólogos argentinos, ha llevado a la producción de vinos de alta calidad que se destacan en los mercados internacionales.
El Malbec ha sido el emblema del éxito argentino en el escenario vinícola global. Esta variedad, originaria de Francia, encontró en Mendoza su terroir ideal, dando lugar a vinos de gran estructura y sabor que ha enamorado al mudno. El período de reconversión que comenzó a mediados de la década de los 90’s coronó con la expansión de la marca Malbec argentino por el mundo.
La actualidad del vino argentino
Ya en los últimos 10 a 15 años, el perfil vitivinícola de Argentina cambió a una proliferación de variedades, pero sobre todo a un trabajo cada vez más detallado de territorios, divididos en Indicaciones Geográficas. La nueva vitivinicultura argentina pone el poco en el lugar donde nace la uva, para así encontrar perfiles claramentes diferentes de una variedad como la Malbec (que sigue y seguirá siendo ma principal) muy distintos en los Valles calchaquíes, del norte del país; en el Valle de Uco, la joya de Mendoza; o en los fríos del sur de la Patagonia.
Pero al mismo tiempo, abriendo paso un abanico de variedades, gracias a la enorme diversidad de suelos: desde los Torrontés, la única uva local, con mayor jerarquía en el la región norte del país; así como Chardonnay y Semillón, de mucho valor en Mendoza; Cabernet Fran que es la gran apuesta de muchas bodegas; pasando por dos clásicos como Cabernet Sauvignon y la Bornada, otra particularidad local. Llegando a afamados Pinot Noir de máximo nivel mundial en el sur del país. Y, más recientemente, la apuesta por las variedades criollas ante un mercado cambiante.
Hoy, la industria del vino en Argentina es un pilar fundamental de la economía y una parte integral de la cultura del país. Los viñedos se extienden de norte a sur, la gran mayoría pegados a la Cordillera de los Andes. Pero con un fuerte crecimeinto en la zona centro, como lo es la Provincia de Córdoba; en el litoral, en la Provincia de Entre Ríos; o en la costa del Oceano Atlántico, en la Provincia de Buenos Aires. El vino argentino ha conquistado un lugar privilegiado en la escena mundial, y su historia refleja una pasión y dedicación que se han transmitido de generación en generación.

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